Ya sabes que eres energía vibrando con el poder de crear gracias a tu atención. Ahora conocerás las tres leyes que rigen esa energía y descubrirás cómo creas tu vida. Como consecuencia, dejarás de echar la culpa de lo que te pasa a la mala suerte, al karma o a los demás.

1. La energía está en constante interacción con la que la rodea y se influyen mutuamente

Cuando permaneces durante un tiempo en la naturaleza, te sientes de muy diferente manera que cuando estás en medio de una plaza atestada de gente; tú eres la misma energía, pero influida por la que te rodea, y notarás que tu estado de ánimo varía de estar oyendo el ruido de un arroyo de la montaña a moverte dentro de unos grandes almacenes en el primer día de rebajas.

También nosotros influimos en la energía del exterior: ¿nunca te ha ocurrido que has estado al lado de alguien y, sin saber por qué, te sientes bien o mal? Eso es porque estás percibiendo la energía de esa otra persona, al igual que ella sentirá la tuya. Otra cosa es que se dé cuenta. Dependerá de su nivel de sensibilidad, pero la interconexión ahí está. Esto se llama resonancia.

La resonancia es un factor clave, porque el hecho de vivir en sociedad hace que todo se contagie: miedos, creencias, escalas de valores… Todo va incorporado en la energía que nos rodea, que recibimos por medio de nuestros centros energéticos y que se materializa en los mismos miedos, creencias, escalas de valores… La onda de energía que somos transmite información en ambos sentidos, de manera parecida a las ondas de radio, de modo que estamos interconectados con el resto del universo. Nadie se encuentra realmente solo en este mundo por mucho que quiera alejarse poniendo muros o fronteras: la energía que es, y que somos, llena todos los confines del cosmos haciéndonos ser uno con él.

2. La energía está en permanente transformación

«La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma». Esta es la ley de la energía que Einstein, premio Nobel de Física, afinó todavía más al postular: «Masa y energía son dos formas de la misma realidad». De hecho, descubrió una ecuación que liga ambos conceptos: E = mc²; donde «E» es la energía, «m» la masa y «c» la velocidad de la luz. Y en esa capacidad de transformación radica su poder creador.

Piensa en una gota de agua posada sobre una flor al despuntar el alba en un día de verano. Mucho antes del mediodía, por efecto del calor, se evaporará, y lo que era una gota líquida se habrá fundido en uno con el aire que la rodea. La energía del calor ha elevado la frecuencia de vibración de la gota hasta convertirla en otra cosa, en este caso, en vapor.

Todo cambia momento a momento. Nunca te bañas en el mismo río porque el agua en la que te sumerges la segunda vez no es la misma que la primera, ni tú tampoco eres el mismo de la vez anterior. ¿Te acuerdas cómo eras de niño? De manera tan constante como imperceptible, todo va modificándose, evolucionando. Esto significa que la vida es un continuo cambio, que nada permanece inmutable y que aferrarse a algo es condenarse al dolor. No ha habido ningún instante en tu vida en el que algo se haya detenido: todo se mueve, todo cambia a cada instante, pero vivimos una ilusión creada por nuestros sentidos físicos que no perciben estos continuos y minúsculos cambios. Solo nos damos cuenta de ellos cuando son muy evidentes y podemos comparar el antes con el después.

3. La energía atrae energía semejante

En esta propiedad se basa la famosa Ley de la Atracción y es una característica muy importante, puesto que puede actuar a favor o en contra nuestra.

Vivimos en un universo de vibración, en una energía infinita con una frecuencia vibracional determinada. Esta energía «madre» se subdivide en un sinfín de energías diferentes que dan origen a la multitud de los distintos entes físicos que la integran: sistemas planetarios, galaxias, estrellas, planetas y todo aquello que posee existencia física. Todas estas entidades tienen distintas frecuencias de vibración y esta ley nos dice que las energías con frecuencias similares se atraen mutuamente.

Esta ley es aplicable a todos los órdenes de la vida. Si tienes pensamientos tristes, de no poder, de necesidad…, la emoción que crean en tu cuerpo será de baja vibración y atraerá pensamientos similares, generándote un estado de ánimo sombrío. Si, por el contrario, sostienes pensamientos elevados, de amor, de ser capaz, de poder…, tu emoción tendrá una vibración más elevada y te llegarán pensamientos de esa misma frecuencia vibratoria, llenándote de alegría y vitalidad. Fíjate en ello y verás como es así.

De estas leyes, que se cumplen inexorablemente, creas o no en ellas, emerge una verdad poderosísima que guía tu vida:

ESTÁS CREANDO CONTINUAMENTE

La energía que eres está dirigida por tu atención y crea aquello en lo que se fija. Tu foco de atención es un sempiterno decreto que envías al universo y este se pone de inmediato manos a la obra para materializarlo, porque debes saber que ese ente poderosísimo está a nuestro servicio para darnos lo que pidamos: es nuestro siervo infalible, el genio de la lámpara de la que, al frotarla, sale y nos concede no tres deseos, como en el cuento, sino todo aquello que queramos. Es un mayordomo fiel y poderoso que trabaja de sol a sol y siempre nos consigue todos los deseos señalados por nuestra atención sostenida.

¿Te acuerdas de esta expresión de las películas?: «Donde pongo el ojo, pongo la bala», pues aquí es lo mismo: aquello en lo que te fijas ya lo estás creando y lo haces sin cesar, seas o no consciente de ello. Así que puedes ser un creador inconsciente, como la inmensa mayoría de las personas, que suelen llamar «mala suerte» a lo que crean que no les gusta, por ignorar el inmenso poder que tiene su atención; o puedes ser un creador consciente. Tú eliges. La diferencia entre uno y otro es muy sencilla: darte cuenta o no de dónde estás poniendo tu atención. Para ello, fíjate en qué estás pensando: ¿lo haces sobre un tema en concreto, siendo el jefe de tus pensamientos, o está tu mente divagando sin ningún control por tu parte, y tú, siendo cautivo de ella? Aquí radica la clave de todo, en fijarse, en concentrarse en lo que sucede en tu interior en todo momento y así serás consciente de lo que estás creando.

Por otra parte, no pienses que materializas al momento aquello a lo que prestas atención, sino que transcurre un tiempo. Este varía en función de la atención que le dediques y de si existe alguna creencia que se oponga a ello. Puedes anhelar intensamente tener pareja, pero si crees que nadie va a fijarse en ti porque te percibes sin ningún atractivo, esta creencia, que siempre es más poderosa que tu deseo consciente, saboteará tu anhelo.

El universo es un sinfín de posibilidades que vas materializando de continuo en aquello que señalas con tu atención, pero debes tener en cuenta que vives en un universo de inclusión. ¿Qué significa esto? Significa que para el universo no existe la palabra NO, sino que acepta todo lo que mantienes en tu foco de atención sin rechazar nada, poniéndose a crearlo, lo quieras o no. El universo solo conoce una palabra del lenguaje humano: SÍ. Todo está incluido en él, todo es posible, no hay nada que pueda excluirse. Para él no existe la negación, la separación; solo la inclusión, la unidad.

Cuando piensas «No quiero estar enfermo», entiende que pides enfermedad porque, en realidad, te estás centrando en ella para negarlo. Si te digo: «No pienses en un caballo blanco, no pienses en un caballo blanco…», ¿qué imagen se ha creado en tu mente? ¡Eso es!, piensas en lo que te he dicho que no pienses. Así pues, no debes rechazar nada creyendo que lo evitarás, porque conseguirás justo lo contrario: atraer con la energía del rechazo, del miedo, aquello que pretendes eludir. La clave es centrar tu atención en lo que quieres porque, recuerda: estás siempre creando aquello a lo que prestas atención. Siempre. No lo olvides.

¿CÓMO TE COMUNICAS CON EL UNIVERSO?

Cada uno de nosotros llevamos incorporado un código de barras energético, de manera que el universo es siempre consciente de la vibración que le enviamos. Luego nos devolverá una energía similar en forma de situaciones de vida, puesto que, para él, es un pedido a servir y siempre cumple con su trabajo. Por lo tanto, así como sea la calidad de la energía que envíes, así serán las situaciones de vida que recibirás.

¿Cómo se produce esta comunicación con el universo?, ¿cómo sabes cuál es la calidad de la energía que emanas al mundo?

Nos comunicamos con él por medio de nuestro estado de ánimo: esta es nuestra vibración fundamental. De manera que, según cómo te sientas de bien o de mal, así será tu nivel vibratorio, así será la calidad de tu energía. Cuanto mejor te sientas, más elevada será la vibración que emitas y mejores serán las circunstancias que vivas. Así pues, lo más importante es sentirse bien. 

¿Cómo se crea tu estado de ánimo? 

El estado de ánimo es una emoción sostenida en nuestro el interior. Toda emoción es el reflejo en el cuerpo de los pensamientos que están en nuestro campo de consciencia, por lo tanto, tu estado de ánimo depende de los pensamientos que mantienes en tu interior.

Si tus pensamientos son inspiradores, elevadores, de amor…, tu vibración adquiere una frecuencia más elevada, más sutil. Por el contrario, si mantienes pensamientos de impotencia, de incertidumbre, de lucha, de enfado…, se traducen en una vibración baja, densa, oscura.

Los pensamientos que aparecen en tu pantalla mental son atraídos por el ego, por la idea que tienes acerca de lo que eres. Este ego tuyo se pasa el día reaccionando a lo que vives o imaginas; si le gusta, porque es lo que desea, se alegra y te sientes bien, pero si no es así, se enfada o se entristece, haciéndote sentir mal. Este sentirte bien o mal se convierte en tu vibración fundamental, tu estado de ánimo, y esa es la energía que envías al mundo. Como normalmente tendemos a reaccionar con enfado o desagrado (me quejo de lo mal que está todo, de lo mucho que trabajo y lo poco que gano, de la mala salud que tengo…, ¡hasta del tiempo que hace!) o abatimiento («No puedo con mi vida», «No tengo trabajo y nunca lo voy a tener», «No valgo para esto»…), tus circunstancias vitales reflejarán esa energía de dolor, trayéndote situaciones de escasez, sufrimiento o pérdida. Al seguir reaccionando con ira o desaliento a lo que la vida te regala, se incrementa tu negatividad y el universo te devolverá más dolor e infelicidad. Vamos, ¡la pescadilla que se muerde la cola! Pero no te preocupes, que este bucle malsano lo cortamos con el ejercicio del perdón que veremos en otro artículo.

NOTAS

El pensamiento y su poder

Todo pensamiento, seas o no consciente de él, provoca una reacción en la energía que eres modificando su vibración. La emoción es el reflejo de ese cambio vibratorio, es decir, la emoción es la «traducción» del pensamiento en la energía que eres: es su creación energética. Este es el poder creador del pensamiento: una forma mental, pensamiento, se convierte en una vibración de energía, emoción, y se inicia el proceso creador. Asimismo, cuanta más emoción nos provoque o pongamos en un pensamiento, más alta será la «voz» con la que llamamos al universo para que lo materialice y antes lo hará.

Todos los pensamientos que tienes, no solo de los que eres consciente, son creadores. Todos alteran, elevan o descienden tu nivel vibratorio que da origen a tu estado de ánimo convirtiéndose en el decreto que universo recibe de ti y se pondrá inmediatamente a trabajar para materializarlo. Así que, por tu bien, sé siempre consciente de lo que estás pensando o, mejor, sé consciente de cómo te sientes a cada momento, ya que aquello que sientes es lo que atraes/creas.

Atención e intención

La atención es una facultad de nuestro cuerpo, de la energía que somos. Los animales también tienen esa capacidad: fíjate en cómo se concentran las leonas a la hora de cazar, pero nosotros, los seres humanos, podemos acompañar la atención con la intención, con el anhelo de obtener un resultado concreto. Esto nos diferencia del resto de los seres vivos.

Si hay una creencia que la contradiga, la intención no puede hacer nada contra ella. La energía de la intención chocará con el muro de la creencia y rebotará en él impidiéndole pasar. Si no hay nada opuesto a esa expectativa, la intención se convierte en la gran propulsora de la creación y se acelera todo el proceso.

La atención sin intención es creadora, la atención más la intención es el poder de crear conscientemente. Por lo tanto, procura llenar de intención todo aquello que pienses, ya que en realidad lo estarás llenando de tu voluntad consciente y no te llevarás ninguna sorpresa cuando veas los resultados de tu creación.

Por ahora ya vale. Si tienes cualquier duda o sugerencia a aportar, ya sabes, déjala en los comentarios y lo hablamos.

Un abrazote y sé muy feliz 🤗🥰🌈

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