



Nací en Bilbao, en 1959. Me pusieron de nombre Sergio y me encanta, pero llevo unos años en los que Ser representa más lo que soy.
Tuve una infancia normal, pero a los dos años el lado izquierdo de mi cara sufrió una parálisis facial que todavía perdura.
Esto me marcó mucho, pero mucho.
En la adolescencia me veía un bicho raro y acomplejado, pues no quería mostrar mi sonrisa torcida al mundo, así que cuando me reía agachaba la cabeza para que nadie viera mi boca. Creía que nunca tendría pareja debido a la fealdad que yo veía en mí. Y así pasó lo que pasó.

Me casé en 1982 con la primera mujer que me hizo caso y lo único bueno de los diez años de matrimonio fueron los dos hijos que tuvimos. Fueron diez años de broncas y sufrimiento, producto de la mutua falta de madurez, sobre todo la mía.
En ese tiempo, asistí a un curso del Método Silva de control mental, que me impactó y conectó conmigo al instante. Allí descubrí la fuerza de la relajación y de la visualización y comencé a hacer mis pinitos con esta poderosa herramienta.
En abril de 1985 sucedió un hecho que, visto con la perspectiva que da el tiempo, cambió mi vida o, mejor dicho, me indicó el camino por el que discurrirían mis pasos.
El último fin de semana de ese mes experimenté un subidón energético maravilloso en el que me sentía unido a todo lo que me rodeaba. Era una intensa unión rebosante de un amor inconmensurable hacia todo aquello de lo que era consciente. Además, no tenía pensamientos ni de futuro ni de pasado, solo existía el momento presente: el eterno momento presente. Todo mi ser vibraba en un profundo silencio mental a la vez que sentía un poder interior henchido de amor: era una poderosa bola de amor vibrando en el aquí y ahora. Era vivir en un maravilloso éxtasis continuo. Esto duró dos días y medio. Lentamente fue desapareciendo ese álgido momento de plenitud. Yo, en ese momento, no supe lo que había vivido. Unos cuantos años después, leyendo un libro que describía exactamente mis sensaciones interiores, me di cuenta de que había experimentado un despertar espontáneo.
No he vuelto a sentir esa sensación, esa plenitud gozosa y llena de poder, pero toda mi vida posterior ha girado alrededor de ella, en esa búsqueda, hasta que dejé de buscar para abrazar lo que soy y lo que he venido a hacer aquí. Pero no adelantemos acontecimientos.

Nada más separarme, en diciembre de 1992, empecé a leer un libro que, no sé cómo, apareció en mi vida: El pensamiento y su poder, de Swami Sivananda. A las mañanas, antes de salir a trabajar (casi siempre de comercial) me leía un párrafo y durante el día meditaba sobre él. Hubo unas palabras que me las repetí mucho, pues cambiaban mi estado de ánimo y se convirtieron en mi primer mantra: «Sé siempre alegre. Sonríe. Ríe».
Seguí leyendo libros de autoayuda y de crecimiento interior, pero el que me marcó sobremanera fue El poder del ahora, de Eckart Tolle. Empecé a leerlo en diciembre del 2001 y lo releí 4 veces de tirón: acabar y empezar otra vez. Me encanta subrayar los libros y hacer anotaciones. Cada vez que lo leía cambiaba el color de la mina del portaminas, así que ahora parece el libro de un niño de párvulos, todo lleno de colorines… ¡y me encanta!
Continué leyendo, subrayando y trabajando las enseñanzas que me transmitían los libros, pero hubo un hecho en julio del 2012 que fue fundamental para que tú estés leyendo estas palabras ahora.
Un domingo del mes de junio del 2012 estaba tomando un café en Muskiz (un pueblito en la costa de Bizkaia, al lado de Bilbao) y sentí en mi interior un anhelo intenso de ir al monte. Así que comencé a ir los fines de semana al Monte Santiago, donde nace el río Nervión, en la provincia de Burgos, limítrofe con Bizkaia.
La mañana del sábado 14 de julio, explorando el bosque, descubrí un pequeño hueco rodeado de arbustos con una roca sobresaliendo del suelo. Sin pensarlo dos veces me desnudé completamente y me coloqué de pie sobre ella. Me sentía llevado por algo que palpitaba en mi interior. Al poco me notaba oscilando de un lado a otro, como si estuviera siendo mecido por una energía que brotaba de la tierra. Al cabo de unos 15-20 minutos, en los que las oscilaciones variaban en intensidad y movimientos, sentí un fuerte espasmo que me sacudió de abajo a arriba. Tuve la certeza de que se había producido un desbloqueo en mi interior o que se había establecido una conexión con algo desconocido para mí.
Me bajé tambaleando de la roca y, mientras me vestía, sentía una congoja terrible. Me veía realizando una misión para la que no me sentía en absoluto preparado: era como un niño al que le habían dicho que debía cumplir un trabajo de adultos para la que no estaba capacitado. Era tal mi desconsuelo que abracé a un árbol para sentir apoyo y fuerza en aquellos intensos momentos.
A partir de ese día comenzaron a suceder cambios en mi vida, lentos pero firmes.

Yo continuaba leyendo, y practicando, libros relacionados con el crecimiento interior. Uno de los importantes fue El sendero de la energía (Synthia Andrews), que me hizo entender el concepto de que todo es energía. A partir de ahí se expandió mi percepción del mundo, dándome cuenta de que estamos interconectados a una energía que todo lo llena.
Ese darse cuenta, en principio de una manera intelectual, de ser uno con el Todo, con la Unidad, con Dios, con… llámalo como quieras, se fue transformando progresivamente en una sensación de conexión permanente, en un sentirme acompañado en todo momento y circunstancia por algo que me trascendía y, a la vez, formaba parte de mí.
Esto varió mi actitud hacia la vida, comprendiendo que todas las experiencias que vivo son para mi mayor desarrollo personal y, por lo tanto, todo es motivo de alegría por ser causa de crecimiento interior. También me siento guiado, amado y protegido constantemente por este Universo que nos rodea, que, además, me allana el camino para poder expresar los dones que todos atesoramos.
En el año 2016 sufrí una profunda crisis, tanto personal (mi querido padre falleció), como profesional (la empresa de la que era administrador había que cerrarla y con deudas). Además, uno de mis hijos marchó de casa de una manera nada amigable y sentí que había tocado fondo en mi vida, pues no sabía qué hacer ni qué camino seguir.
Una noche, a finales de año y al poco de acostarme, tuve que levantarme de la cama para escribir en un papel lo que quería hacer: «escribe un blog, Sergio». Eso brotaba en mi interior y así lo hice.
Siempre me había gustado escribir. Llevo escribiendo sistemáticamente un diario personal desde 2002, así que comencé a poner en palabras lo que bullía en mi interior acerca de la vida, el mundo y lo que somos.
Notaba que, muchas veces, lo que yo escribía no brotaba de mí, sino de algún sitio indeterminado y acababa llorando de emoción al sentirme llevado por una energía que brotaba de mi ser, pero que me sobrepasaba completamente.
Con el tiempo, estos artículos se convirtieron en los capítulos de un libro que se publicó en mayo de 2024, Déjate llevar, que puedes adquirirlo aquí.


Una de estas fotos me maravilla por lo que representa, ¿adivinas cuál es?
A finales del 2019 decidí lanzarme a contar mi verdad al mundo y compartir lo que había hecho para llegar a sentir esa conexión con la energía que todo lo llena. Empecé a dar charlas por diferentes centros de Bilbao y Bizkaia, con escasa repercusión. A finales del 2022, con la pandemia de por medio, me di cuenta de que si quería llegar a más gente debía utilizar el medio favorito actual de comunicación: las redes sociales.
A principios del 2023 comencé a subir videos cortos a YouTube, Instagram, Facebook y TikTok. En estos vídeos doy consejos y reflexiones orientadas al crecimiento interior. Además, grabo vídeos largos en YouTube en los que trato temas más profundos de desarrollo personal, basados, la mayoría, en los capítulos del libro Déjate llevar.
Con el paso del tiempo vi que la gente empezaba a seguirme, superando las escasas expectativas que tenía al respecto, y esto acabó de convencerme de que puedo ayudar a las personas por medio de mis palabras. Así que me puse a crear esta web.
La ilusión que me guía con ella es la de compartir contigo todo aquello que me ha servido para llegar hasta aquí y darme cuenta de la luz que soy, de la luz que eres.
Como dijo Einstein: “Es de locos hacer lo mismo y esperar obtener resultados diferentes”. Dicho de otra manera: haciendo lo mismo obtendrás idénticos resultados. Así pues, leyendo y trabajando lo aquí escrito llegarás a vivir en la paz, el amor y la alegría del Ser Divino que palpita en ti, en ese ser todopoderoso de amor incondicional que realmente eres.
Ahora, echando la vista atrás, me doy cuenta de que me he convertido en aquel adulto capaz de llevar a cabo la misión que mi niño interior creía imposible de realizar en aquellos momentos. Esta web es esa misión y mi pasión.
Igual, no ha cambiado, pero sí ha cambiado mi actitud hacia ella. Ahora no la veo como una desgracia que me ha ocurrido, sino como una ventaja que tengo, porque ¿a qué te acuerdas más de una persona así?
¡Un besote y aguurrr!!! 😉🥰
